Vivir cerca del mar es un privilegio silencioso. La luz se vuelve más abierta, el aire circula con otra cadencia y el paisaje parece entrar en casa incluso cuando las ventanas permanecen cerradas.
Pero el mar no es únicamente belleza — también es exigencia. El salitre se deposita sin hacerse notar, la humedad encuentra caminos invisibles y el sol castiga superficies que, tierra adentro, resistirían durante décadas.
Una vivienda costera no se decora igual.
Se piensa distinto.
Una vivienda cerca del mar no se piensa igual que una casa en el interior
Habitar junto al mar implica aceptar que la casa forma parte de un entorno vivo. No se trata solo de elegir objetos hermosos, sino de tomar decisiones que permitan que el hogar envejezca con dignidad.
Lo que el mar hace a una vivienda (y casi nadie anticipa)
Muchas casas cercanas al litoral se deterioran antes de tiempo no por falta de cuidado, sino por una planificación pensada para interiores urbanos.
El aire marino contiene partículas microscópicas de sal que se adhieren a casi cualquier superficie. Con el tiempo:
- los metales se corroen
- los herrajes pierden suavidad
- algunas maderas se deforman
- los textiles se debilitan
- las pinturas se apagan
Nada de esto sucede de forma inmediata. Es, más bien, un desgaste lento que solo se percibe cuando ya ha avanzado.
Por eso, en viviendas próximas al mar, la prevención es una forma de inteligencia estética. Elegir bien desde el inicio evita sustituciones constantes y mantiene la serenidad visual del espacio.
Materiales que envejecen bien frente al mar
No existe el material invulnerable, pero sí aquellos que dialogan mejor con ambientes salinos y húmedos.

Metales preparados para exteriores
El acero inoxidable de calidad marina o los metales correctamente tratados ofrecen una resistencia muy superior a los acabados convencionales.
En barandillas, luminarias o pequeños elementos funcionales, esta elección suele pasar desapercibida — y sin embargo determina la longevidad del conjunto.
Maderas estables
Algunas especies toleran mejor la oscilación entre humedad y sequedad:
- teca
- iroko
- roble tratado
- maderas termotratadas
No necesitan aparentar robustez; la transmiten con el paso de los años.
Fibras naturales con peso
En viviendas costeras conviene evitar textiles excesivamente ligeros. Los linos densos, las mezclas resistentes o las telas pensadas para exterior conservan mejor su estructura y su color.
Además, cuando un tejido cae bien, el espacio se percibe inmediatamente más sereno.
Superficies minerales
La cerámica, la piedra natural o los materiales compuestos con base mineral resisten con discreción. No buscan protagonismo, pero sostienen la casa desde lo esencial.
Elegir estos materiales no responde a una lógica defensiva; es una manera de permitir que el hogar madure sin perder presencia.
Decorar sin caer en lo obvio
Una casa frente al mar no necesita recordarlo en cada objeto.
Las alusiones literales —anclas, conchas, azules temáticos— suelen reducir la complejidad del paisaje a un gesto decorativo previsible. El mar ya está ahí; no hace falta subrayarlo.
Funciona mejor una aproximación más contenida:
- paletas desaturadas
- blancos rotos
- arenas
- grises cálidos
- maderas lavadas
El objetivo no es competir con el exterior, sino dejarle espacio.
En este contexto, el arte contemporáneo introduce una tensión especialmente interesante. Frente a un horizonte cambiante, una obra aporta silencio, estructura y un punto de mirada interior.
No actúa como ornamento, sino como anclaje.
El mantenimiento también es una forma de estética
Existe cierta elegancia en las casas que se perciben cuidadas sin esfuerzo visible.
En entornos marinos, pequeños hábitos sostienen esa sensación:
- proteger el mobiliario exterior cuando no se utiliza
- ventilar incluso en invierno
- revisar sellados antes de la temporada húmeda
- limpiar depósitos de sal con regularidad
- optar por almacenajes que no saturen el espacio
Nada de esto resulta espectacular. Precisamente por eso funciona.
Una vivienda que se mantiene con naturalidad transmite calma — y la calma es uno de los mayores lujos del habitar.
Algunos libros útiles para pensar la casa junto al mar
Más allá de lo práctico, ciertas lecturas ayudan a comprender cómo se relaciona la arquitectura con el paisaje y de qué manera los interiores pueden acompañar esa relación sin imponerla.
Entre los títulos que abordan esta sensibilidad destacan:
- Living costa blanca: Un recorrido visual por algunas de las viviendas más bellas de la Costa Blanca, donde arquitectura, paisaje y luz mediterránea dialogan con naturalidad.
- Mediterráneo Moderno: Una exploración de interiores mediterráneos contemporáneos donde los tonos terrosos, la luz natural y los materiales táctiles construyen espacios serenos y atemporales.
- ESP Definir el estilo: Una guía para comprender cómo se construye un estilo interior coherente, desde la elección de materiales hasta la relación entre los objetos y el espacio.
No son manuales técnicos. Son libros para mirar despacio y afinar el criterio.
Porque, con frecuencia, una casa bien pensada comienza mucho antes de elegir un mueble.
Habitar el paisaje
Las viviendas cercanas al mar no se dominan — se acompañan.

Cuando se entienden sus ritmos, la casa deja de ser únicamente refugio para convertirse en paisaje habitado. Un lugar donde materia, luz y tiempo encuentran cierto equilibrio.
Y quizá esa sea la verdadera aspiración de cualquier hogar bien cuidado: no resistir al entorno, sino aprender a vivir dentro de él con sensibilidad.
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Nota editorial: Algunas de las imágenes que acompañan este artículo han sido generadas con herramientas de inteligencia artificial como Grok y otras proceden de bancos de imágenes de uso libre como Pexels.
Salomé Viejo Aguilar
Artista plástica · CreativeSalo


